Enrique Cervera

Pues sí, otro blog de Comunicación

Malos tiempos para la estocástica

En muchas disciplinas científicas se utiliza el término de “variables estocásticas” para aludir a variables de difícil previsión por depender de otras. Por ejemplo, los índices de la bolsa. De alguna manera, un comportamiento estocástico es un comportamiento inesperado. A mí me gusta la palabreja, la verdad, y si hundimos la mano en las herrumbres de su pasado (todos tenemos un pasado, también las palabras) nos encontramos con que este término servía para designar en la antigua Grecia a los videntes.

En política, como en la vida, también existen comportamientos inesperados, evidencia que yo suelo atribuir a una vieja convicción que resumo en un aserto quizás algo grosero pero creo que acertado. Es éste: “La gente cuando vota tiene muy mala leche” lo que explica que en ocasiones sucedan cosas que parecían poco menos que imposibles y que para muchos resultan también inexplicables. Comportamientos inesperados que hacen que en muchas ocasiones las encuestas, o por decirlo más concretamente, quienes las hacen y las interpretan, queden como Cagancho en Almagro.

Aplicado a la realidad más próxima, resultaría estocástico (y yo diría que hasta supercalifrástico) que el PSOE ganara las próximas elecciones andaluzas. Estadísticamente, sin embargo, lo hizo siempre entre mayo de 1982 y mayo de 2011. Lo hizo, incluso, cuando todas las encuestas les pronosticaban (sí, igualito que ahora) una derrota. Lo más estocástico fue en marzo de 1996, cuando el PP pasó de estar a cuatro escaños del PSOE (resultado de 1994) a estar a 12, rotundo éxito de Javier Arenas que ha logrado ocultar a base de repetir tenazmente siempre-que-me-presento-mejoro-los-resultados y sobre todo a base de que en el PSOE haya poca memoria histórica (o afán de borrarla, claro).

Yo viví aquella campaña como periodista, en la caravana del candidato Chaves, por el que nadie daba un duro. De haber conocido la palabrita, hubiera pensado que el que volviera a ganar resultaría superestocástico y hasta espialidoso. Hemos dicho que lo estocástico es algo inexplicable, cuando en realidad se trata de fenómenos inexplicados, que no es lo mismo. Aquel comportamiento inexplicado del electorado andaluz, que devolvió a Chaves lo que le había quitado dos años antes, tenía en realidad, una explicación compleja, que atendía a múltiples variables: desde la fenomenal campaña de obstrucción institucional que pasó a la historia como “la pinza” (y que dibujó a sus protagonistas como políticos irresponsables), hasta la movilización del electorado progresista, galvanizado por un tal Felipe González.

Aquella movilización, sin embargo, distó mucho de ser espontánea y tuvo mucho de inducida por el PSOE, que puso toda la carne en el asador (incluido un acto público con Escuredo y Borbolla en San Fernando), combatiendo electoralmente casa por casa, con mítines en cada pueblo y cada barrio (no, no había twitter…). Un PSOE en el que aún estaba vigente el Estado de Guerra (con mayúscula y con minúscula) motivado por el brutal enfrentamiento entre partidarios de Alfonso y de Felipe, pero que se sacudió ese marasmo y combatió hasta el último minuto, seguramente porque no sabía que su victoria era imposible.

Sinceramente, desconozco las variables (aunque alguna me la puedo imaginar, han estado entretenidillos en otros menesteres) que explican que el PSOE-A apenas haya comenzado su campaña electoral cuando apenas faltan 23 días para que ésta termine. Tal vez sea para coger al enemigo por sorpresa, pero no doy crédito que uno pinche en la web del PSOE y se lea “29 de febrero, no hay eventos”. A ese ritmo lo que no hay es lugar para lo estocástico, desde luego.

 

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