Tres ideas con el enemigo a las puertas

Los socialistas tienen uno menos de 40 días para afrontar las elecciones andaluzas. Sin ninguna duda, el desavío ya está hecho, pero alguien debería tomar la determinación de aprovechar este tiempo, que puede dar más de lo que parece, si se afronta con determinación, generosidad, humildad  e inteligencia. Además, no les queda otra. Yo les dejo tres ideas para dejar al enemigo en las puertas.

  1. Pedir perdón. Sí, es lo que se suele hacer cuando uno hace algo mal, daña a alguien aunque sea sin querer o defrauda las expectativas generadas. Ante el espectáculo de las últimas semanas, lo del ruido de la democracia es una verdad que no puede esconder otra mayor: que los socialistas se han olvidado de los ciudadanos y la han emprendido a garrotazos entre ellos. Si la crisis de Sevilla podía resolverse cambiando a Carmen por Carmen y al 7 por el 9 (con todo el respeto y afecto a los cuatro, no creo que hayan conmocionado al electorado, la verdad), entonces nunca tenía que haberse producido. Si aún piensan que quien tiene que pedir perdón es el de enfrente, entonces es que no han aprendido nada. Un dirigente cabal como Antonio Hernando ha reconocido que este lío perjudica mucho a los socialistas. Si nadie del PSOE andaluz pide perdón y admite un error  tan manifiesto, se extenderá la sensación de que a las primeras de cambio volverán a repetirlo. Sólo faltan 39 días para la cita con las urnas: yo no perdería ni un minuto más.
  2. Aux armes, citoyens. Con el enemigo a las puertas (y es sólo una forma de hablar, en una democracia sólo hay rivales), en las almenas de la ciudadela socialista no puede haber tiradores inexpertos, ni gente muy respetable pero a la que le den miedo las balas (o la velocidad que llevan, tanto da), ni personas que carecen de las dotes de liderazgo, capacidad de persuasión y prestigio que se necesita en toda batalla política y mucho más en las decisivas. Lamentablemente, las listas se han hecho más pensando en el congreso pasado (y en los que han de venir) que en lograr la adhesión de los ciudadanos. Pese a ello, en la war room del PSOE, alguien debería tomar la decisión de reunir, de dentro y de fuera de las listas, a los siete u ocho dirigentes más capaces, más auténticamente respetados entre la militancia y más prestigiados ante la sociedad y hacer de ellos los portavoces de la campaña, gente capaz de convertirse en catalizadores de la respuesta socialista, hasta donde ésta pueda llegar.
  3. El programa oculto no puede ser el del PSOE. Claro que el PP con sus primeras medidas en el Gobierno, y sobre todo con ese desparpajo –los elegantes dicen cinismo– de hacer lo contrario a lo prometido, están dejando munición que pueden emplear los socialistas. Pero eso no basta, precisamente porque el PP justifica tales medidas con su supuesta inevitabilidad y con la herencia recibida, la losa de los cinco millones de parados. Por eso el PSOE, si quiere recuperar algo del terreno perdido, tiene que proponer algo distinto, generar ideas propias, vínculos que enlacen con el electorado progresista, que no olvidemos es ampliamente mayoritario en Andalucía, como reflejan todas las encuestas. Nada de un programa denso y esclerotizado, que a estas alturas de la batalla nadie leerá (si es que alguna vez eso se ha hecho). Al contrario, seis ideas, sólo seis ideas fuerza nacidas de la cabeza y del corazón para seis semanas de campaña, seis aldabonazos dirigidos a los núcleos esenciales de sus votantes, media docena de mensajes claros, mirando a los ojos de los ciudadanos y no al ombligo propio.

(Y sí, claro que se puede)

 

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