Enrique Cervera

Pues sí, otro blog de Comunicación

El decreto y la euforia

Artículo originalmente publicado en el diario digital andalucesdiario.es

Leo y releo, hipnóticamente releo y vuelvo a releer, recorro con mis ojos cada curva de las letras, cada trazo sinuoso, casi como un artificiero mira absorto los cables del artefacto, leo la frase. Luego sacudo la cabeza y vuelvo a leer: el decreto antidesahucios de Andalucía pone en peligro la estabilidad del sistema financiero.

Glup. Joder. Vuelvo a leer y luego dejo perderse la mirada: ¿arranco primero el cable rojo o el amarillo? ¿Y si esto hace boom? Imagino el peso de la responsabilidad del presidente Griñán: ¿Mira que si en vez de por lo de las primarias paso a la historia por haberme cargado, a golpe de Boja, el sistema financiero?

Imagino a la consejera de Fomento, comunista ella, ahíta por el exitazo: Lehman Brothers, con su codicia, y yo con mi decreto, poniendo de rodillas a la gran banca. Qué digo de rodillas: fulminada, el lunes negro de Wall Street fue un estornudo, al lado de la amenaza. “Potenciales implicaciones negativas para el sistema financiero en su conjunto”. Madre del amor hermoso.

El documento de la Comisión Europea, en qué manos estamos, señala como una de las posibles consecuencias del decreto andaluz, que hasta ahora ha afectado a diez familias (10), lo siguiente: “la reducción del apetito de los inversores por los activos inmobiliarios españoles, así como el deterioro de la cartera inmobiliaria de los bancos y de la capacidad de los bancos para intervenir en los mercados con las llamadas cédulas hipotecarias”.

En román paladino: como puede que el Gobierno andaluz expropie el uso de una vivienda durante tres años, los inversores no van a querer comprar inmuebles sometidos a tal riesgo. Vale. La Comisión Europea, sin embargo, se abstiene de hacer un cálculo del efecto real de tamaña amenaza para el mercado inmobiliario y, toma ya, “para el sistema financiero en su conjunto”.

Como no hace el cálculo, y no podemos por tanto discutirlo, avanzaré yo una hipótesis: no ofrece cifras porque el efecto del decreto andaluz sobre el sistema financiero en su conjunto debe ser equivalente a la bajada del nivel del mar cuando un chiquillo saca un cubito de agua. Y es que antes hubiera llegado San Agustín a comprender el misterio de la Trinidad que una persona normal la empanada mental de los funcionarios de Bruselas y, ay, sus inspiradores españoles. Y es que, no olvidemos, que al representante en Europa de Lehman Brothers, un tipo con cara de Gargamel, lo hicimos, justo después de la caída del gigante financiero, ministro de Economía del Reino de España, seguramente por su capacidad analítica y dotes adivinatorias, que dejó plasmadas ya en 2003 enuna entrevista donde negaba la existencia de burbuja inmobiliaria.

El problema no es el disparate de atribuir a una modesta norma autonómica un potencial efecto devastadordelsistemafinancieroensuconjunto (cada vez que repito la frase me imagino a Jack Nicholson escribiéndola una y otra vez en su máquina de escribir en el solitario hotel de El Resplandor). El problema es tomar a los ciudadanos por idiotas y, pese a la que han liado a base de desregular el sistema financiero, sentirse aún con poder y con vergüenza de atribuir a los demás lo que no es sino responsabilidad suya: haber permitido y alentado un sistema financiero salvaje del que durante años podía decirse aquello de que aquí, el que no está loco, desentona.

John Kenneth Galbraith, del que, que se sepa (y se sabría) no formó nunca parte del Politburo del PCUS (sino que fue catedrático en Harvard y asesor de los presidentes norteamericanos Truman, Kennedy y Johnson y recibió de Clinton la Medalla a la Libertad), en su Breve Historia de la Euforia Financiera explica maravillosamente el origen y circunstancias de todos estos procesos especulativos a lo largo de los siglos, desde la crisis de los tulipanes en la Holanda del siglo XVII al crash bursátil del 29 y las crisis del siglo XX.

No sabemos qué diría ante la disparatada pretensión de convertir un decreto de una región española (medida de solidaridad y emergencia tomada además en plena oleada de suicidios cometidos por personas desesperadas ante la pérdida de su vivienda, cuando cientos de miles están vacías y sin posibilidad de que nadie las compre, por el estrangulamiento de la economía y del crédito bancario) en un elemento clave de la inestabilidad del sistema financiero. No lo sabemos, no.

Pero sí sabemos lo que nos enseñó: uno, que el origen de todas las crisis especulativas no está en la solidaridad sino en la codicia. Y dos: que es un tremendo error pensar que cuanto más dinero tiene o maneja una persona más inteligente es. Sólo hay que verle la carita al tal Gargamel.

Share

Posted in andalucesdiario.es | Tagged , , , , , , , , , | Leave a comment

El CIS, la espuma y las corrientes

Instalados, tradicionalmente instalados en la desconfianza hacia las encuestas, los encuestadores, la madre de los encuestadores y desconfiando hasta de los encuestados (basta ver que el recuerdo de voto a menudo no se parece al voto realmente depositado con anterioridad), muchos acogieron el sondeo hecho público el jueves por el CIS con una mezcla de escepticismo y prevención. Para algunos, insufla ánimos a los socialistas, a los que sin duda puede espolear la sola idea de ver el balcón de la calle San Fernando, sede del PP andaluz, atravesada por la Amargura de la Cuarta Derrota (disfrazada de victoria moral). Para otros, sin embargo, la encuesta azuzará el hartazgo hacia 30 años de gobiernos socialistas y estimulará el voto hacia el PP para echar al PSOE, y en todo caso evitar un gobierno de coalición con “los comunistas”.

Puede ser una cosa o la otra. O a lo mejor ambas y lo que resta por decidir es cuál de las dos magnitudes enfrentadas resultan más decisivas el día de las elecciones.

En Andalucía, a la general desconfianza a los sondeos se suma un aspecto puramente técnico: con ocho circunscripciones en juego y al menos tres partidos en liza –quizás hasta cinco en algún caso– con posibilidades de obtener diputados, los restos (que al final atribuyen un escaño y así hasta ocho) son en ocasiones muy reducidos. Ello hace que sea más difícil de detectar en las encuestas (y más cuando, como sucede ahora, no hay un duro para hacerlas especialmente fiables, salvo excepciones). Así, el sondeo electoral del CIS anterior a las elecciones de 2008 acertó de pleno en el porcentaje de votos de PSOE y PP y sin embargo, erró notablemente en la atribución de escaños, pues pronosticó tres más a los socialistas (les atribuía 59) y cinco menos al PP (les predijo 43). Putos restos, sí (o putos mayas, vaya ud. a saber)

Pero más allá de la morbosa atribución de escaños, en la encuesta dada a conocer hace un par de días hay elementos de fondo que conviene tener en cuenta. Y estos elementos conforman dos corrientes de dirección contraria, que emergerán en las urnas el día 25. Veámoslas grosso modo.

Corriente contra el PSOE: Más allá de las causas (la crisis, el cambio de liderazgo, la división interna, los Ere, los 30 años de gobierno), parece evidente que el principal obstáculo del PSOE es el deseo de cambio. Hace cuatro años, en el mismo sondeo del CIS, había prácticamente empate entre los que querían cambio de gobierno (39,2%) y los que querían que siguiera el mismo partido (39,6%), dato perfectamente coherente con el hecho de que el PSOE obtuviera luego prácticamente la mitad del voto en urna. Ahora, sin embargo, a la misma pregunta, prácticamente el doble de los encuestados (52,3% frente el 26,3%) apuesta por el cambio.

En efecto, es la ola, que viene de lejos, pero esa ola tiene que tocar tierra, pasar la prueba de fuego del día 25 de marzo. Y aunque en la superficie sólo se aprecie la espuma blanca que se suele hacer en torno a los vencedores (en todos los ámbitos imaginables), existe otra corriente más profunda en dirección contraria, con múltiples vectores.

Corriente contra el PP: El partido al que todas las encuestas dan como ganador no sólo no arranca entusiasmos, sino que ni siquiera es el preferido en casi ningún ámbito. Para empezar, los ciudadanos ubican al PP en una nítida posición de derecha (en un 7.67 donde el 10 es la extrema derecha) mientras que al PSOE lo sitúan en el entorno del 4.27, mucho más cerca de las zonas templadas y de centro izquierda donde se autoubica la gran mayoría. Tal vez esto explique que el PSOE resulte, pese a las múltiples adversidades que está sufriendo (incluidos los errores no forzados), mejor valorado que el PP en prácticamente todas las comparativas (mejor defiende los intereses de Andalucía; mejor representa sus ideas; genera más confianza, tiene mejores líderes y está más capacitado). En realidad, el PP sólo aventaja al PSOE en la pregunta “quién está más unido”, circunstancia que debería hacer reflexionar a los socialistas sobre la brillante idea de celebrar un congreso federal (en el que inevitablemente habrían de saldarse las cuentas de la derrota en las generales) en vísperas de las elecciones andaluzas.

El PP ni siquiera es el partido que despierta más simpatías (20,9 frente al 37,2 del PSOE) y su líder, Javier Arenas, tampoco es capaz de superar en valoración a la ya escasa que alcanza Griñán, vapuleado por el efecto de la crisis y que, sin embargo, aventaja al popular (4.54 frente a 4.23 en valoración).

Aunque puedan parecer datos paradójicos con la estimación general de voto (ya hemos hecho consideración sobre la dificultad de acertar al 100% en la atribución de escaños provinciales) no tienen por qué ser contradictorios. Quienes piensen (otra vez, ahí está la terca hemeroteca) que todo está hecho, confunden los deseos con la realidad, que siempre es mucho más compleja. La propia campaña que acaba de empezar influirá tal vez poco, pero un poco puede ser mucho (y ya se sabe que un descuido le cuesta la vida al artista, y no señalo a nadie).

Y no olviden mi viejo adagio, que dista de ser científico: la gente, cuando vota, tiene muy mala leche.

 

Share

Posted in Gobierno, Política | Tagged , , , , | Leave a comment